7 de Noviembre de 2013, 20:14
Comienzo este diario para que el mundo sepa las atrocidades que tuvieron lugar en nuestra noble nación en ausencia de nuestro líder, ausente en su viaje diplomático. No sé cuándo podré informar de mi situación ni en qué cantidad, por lo que aprovecharé estos momentos de descanso para poner en orden mis impresiones.
Nuestro líder partió hace... cuatro días, si la memoria no me falla. Es difícil llevar la cuenta de los días en el infierno. Al principio todo fue bien. Las tareas administrativas del reino se repartían equitativamente, aún reinaba la paz en las tierras. Pero pronto comenzaron las desavenencias entre los miembros del Consejo, en el que yo estaba presente. La Mano del Rey, el Señor Cristian, decidió exiliarse, y nada he sabido de él desde entonces. Desde su marcha, el Consejero de la Moneda -el Señor Edu- y yo quedamos en una delicada posición, esperando cada uno el movimiento del otro. Planea asesinarme para hacerse con el poder. Pero no se lo voy a permitir. He ideado un plan, mis tropas atacarán sus puestos clave, eliminando toda resistencia y haciéndonos con la cabeza del separatista en una sola noche.
Pero no soy un estratega, ni un genio militar. Por eso me veo obligado a delegar en mi mano derecha: el general Sullivan.
De hecho, el general viene. Es hora de que este país conozca a su nuevo líder. Continuaré escribiendo.
9 de Noviembre de 2013, 19:44
¡Victoria! El golpe de estado fue todo un éxito. El rebelde Señor Edu fue hecho derrotado y hecho preso. Sus tropas no tuvieron opción, y derruimos sus torres en pocos minutos. Pero el Señor Edu tiene demasiado apoyos entre el pueblo llano; no puedo matarlo, pues entonces se convertiría en un mártir de su causa. De momento lo he encerrado bajo llave en las mazmorras, si bien el General Sullivan insiste en que es demasiado arriesgado mantenerlo aquí. Pero no tengo otra opción.
El pueblo está tenso. Sé que aunque me siente en el poder, sus lealtades se dividen entre mi figura, la del Señor Edu y las del exiliado Señor Cristian. Por eso necesito apoyos, fuerza. He enviado emisarios para convocar a mis aliados. Espero su respuesta en pocos días. Hasta entonces, seguiré recolectando A+.
9 de Diciembre de 2013, 20:19
Un mes. Ha pasado un mes desde la última vez que tuvieron noticias mías. Lo sé por la última fecha, pues para mí el tiempo se ha convertido en un continuo, un transcurrir de tiempo sin ningún tipo de medida, en el que comes cuando tienes hambre, duermes cuando estás a salvo y matas cuando tienes que sobrevivir.
Los últimos acontecimientos que narré fueron la captura del Sr. Edu por parte del General Sullivan. Mi posición se vio pronto reforzada por la llegada de los guerrilleros scouts, dirigidos por su líder, el cacique Luis. También el apoyo de la facción de Jota y el sello de aprobación de Álvaro le dieron una validez diplomática a mi pequeño reino. Con lo que no contaba era con la vuelta del Sr. Cristian.
No había perdido el tiempo y, refugiado en los bosques, había reunido a su alrededor al grupo de amazonas, las mujeres-guerrero de mortíferas habilidades. Entró como una lanza en la oscuridad de la noche, y si pude salir con vida fue por usar la vía de escape conocida como la de la Chica-Que-Estudia. Pero el General Sullivan cayó preso. Días después, disfrazado como un pueblerino más, presencié el acto final del Señor Cristian para consolidar su poder: ejecutó al General Sullivan y al Señor Edu a la vista del pueblo, y colgó sus cabezas en lo alto de la entrada del reino. En esta tesitura, no me quedó más remedio que exiliarme yo ahora. Me buscan, lo sé, llevo semanas huyendo, matando a mis perseguidores, envuelto en una guerrilla. Mis antiguos aliados tienen que defender sus dominios del creciente poder; nada puedo reprocharles. Sobrevivo como puedo a la ausencia de que nuestro líder vuelva y emprendamos la revolución.
Pasaremos un imperio a espada y sangre.
15 de Diciembre de 2013, 23:25
Las trompetas suenan en las murallas, el pueblo lanza pétalos de rosa por la calle donde, montado en su rocín blanco, el rey avanza saludando a sus súbditos, la melena castaña al viento, la barba trenzada brillando por los aceites con las que la adorna. Los guardias reales enarbolan los pendones con el emblema real, que se agitan con la suave brisa de un soleado día de verano: dos tortugas en el acto de la cópula.
Esa hubiese sido el recibimiento por todos esperado para nuestro señor a su vuelta. Pero, en las pocas semanas que se marchó, nuestro reino está hundido en una guerra civil, y yo soy el único que le es leal. Volvió, volvió a sus tierras. Nuestro encuentro tuvo lugar casi en la frontera del reino. En dicha travesía por las tierras me acompañó un viejo amigo, el antiguo gladiador conocido como Edd. Nuestro encuentro fue breve. Decidimos comenzar la reconquista del reino por dos frentes distintos. Él se dirigirá al oeste, yo al este en busca de nuevos aliados. Parto de inmediato, pues los caminos son más seguros bajo la luna que bajo el sol.
Nada es verdad, todo está permitido.
Comienzo este diario para que el mundo sepa las atrocidades que tuvieron lugar en nuestra noble nación en ausencia de nuestro líder, ausente en su viaje diplomático. No sé cuándo podré informar de mi situación ni en qué cantidad, por lo que aprovecharé estos momentos de descanso para poner en orden mis impresiones.
Nuestro líder partió hace... cuatro días, si la memoria no me falla. Es difícil llevar la cuenta de los días en el infierno. Al principio todo fue bien. Las tareas administrativas del reino se repartían equitativamente, aún reinaba la paz en las tierras. Pero pronto comenzaron las desavenencias entre los miembros del Consejo, en el que yo estaba presente. La Mano del Rey, el Señor Cristian, decidió exiliarse, y nada he sabido de él desde entonces. Desde su marcha, el Consejero de la Moneda -el Señor Edu- y yo quedamos en una delicada posición, esperando cada uno el movimiento del otro. Planea asesinarme para hacerse con el poder. Pero no se lo voy a permitir. He ideado un plan, mis tropas atacarán sus puestos clave, eliminando toda resistencia y haciéndonos con la cabeza del separatista en una sola noche.
Pero no soy un estratega, ni un genio militar. Por eso me veo obligado a delegar en mi mano derecha: el general Sullivan.
De hecho, el general viene. Es hora de que este país conozca a su nuevo líder. Continuaré escribiendo.
9 de Noviembre de 2013, 19:44
¡Victoria! El golpe de estado fue todo un éxito. El rebelde Señor Edu fue hecho derrotado y hecho preso. Sus tropas no tuvieron opción, y derruimos sus torres en pocos minutos. Pero el Señor Edu tiene demasiado apoyos entre el pueblo llano; no puedo matarlo, pues entonces se convertiría en un mártir de su causa. De momento lo he encerrado bajo llave en las mazmorras, si bien el General Sullivan insiste en que es demasiado arriesgado mantenerlo aquí. Pero no tengo otra opción.
El pueblo está tenso. Sé que aunque me siente en el poder, sus lealtades se dividen entre mi figura, la del Señor Edu y las del exiliado Señor Cristian. Por eso necesito apoyos, fuerza. He enviado emisarios para convocar a mis aliados. Espero su respuesta en pocos días. Hasta entonces, seguiré recolectando A+.
9 de Diciembre de 2013, 20:19
Un mes. Ha pasado un mes desde la última vez que tuvieron noticias mías. Lo sé por la última fecha, pues para mí el tiempo se ha convertido en un continuo, un transcurrir de tiempo sin ningún tipo de medida, en el que comes cuando tienes hambre, duermes cuando estás a salvo y matas cuando tienes que sobrevivir.
Los últimos acontecimientos que narré fueron la captura del Sr. Edu por parte del General Sullivan. Mi posición se vio pronto reforzada por la llegada de los guerrilleros scouts, dirigidos por su líder, el cacique Luis. También el apoyo de la facción de Jota y el sello de aprobación de Álvaro le dieron una validez diplomática a mi pequeño reino. Con lo que no contaba era con la vuelta del Sr. Cristian.
No había perdido el tiempo y, refugiado en los bosques, había reunido a su alrededor al grupo de amazonas, las mujeres-guerrero de mortíferas habilidades. Entró como una lanza en la oscuridad de la noche, y si pude salir con vida fue por usar la vía de escape conocida como la de la Chica-Que-Estudia. Pero el General Sullivan cayó preso. Días después, disfrazado como un pueblerino más, presencié el acto final del Señor Cristian para consolidar su poder: ejecutó al General Sullivan y al Señor Edu a la vista del pueblo, y colgó sus cabezas en lo alto de la entrada del reino. En esta tesitura, no me quedó más remedio que exiliarme yo ahora. Me buscan, lo sé, llevo semanas huyendo, matando a mis perseguidores, envuelto en una guerrilla. Mis antiguos aliados tienen que defender sus dominios del creciente poder; nada puedo reprocharles. Sobrevivo como puedo a la ausencia de que nuestro líder vuelva y emprendamos la revolución.
Pasaremos un imperio a espada y sangre.
15 de Diciembre de 2013, 23:25
Las trompetas suenan en las murallas, el pueblo lanza pétalos de rosa por la calle donde, montado en su rocín blanco, el rey avanza saludando a sus súbditos, la melena castaña al viento, la barba trenzada brillando por los aceites con las que la adorna. Los guardias reales enarbolan los pendones con el emblema real, que se agitan con la suave brisa de un soleado día de verano: dos tortugas en el acto de la cópula.
Esa hubiese sido el recibimiento por todos esperado para nuestro señor a su vuelta. Pero, en las pocas semanas que se marchó, nuestro reino está hundido en una guerra civil, y yo soy el único que le es leal. Volvió, volvió a sus tierras. Nuestro encuentro tuvo lugar casi en la frontera del reino. En dicha travesía por las tierras me acompañó un viejo amigo, el antiguo gladiador conocido como Edd. Nuestro encuentro fue breve. Decidimos comenzar la reconquista del reino por dos frentes distintos. Él se dirigirá al oeste, yo al este en busca de nuevos aliados. Parto de inmediato, pues los caminos son más seguros bajo la luna que bajo el sol.
Nada es verdad, todo está permitido.
Escribe más de esta mierda adictiva, coño.
ResponderEliminarEsta es mi nueva droga.
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